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Para ti,
que la conociste
y la quisiste.

— toca el sello para abrir —

Ela del Carmen Gonzales de Gomez

Nuestra querida Charito

Retrato de Charito

Dueña de una sonrisa pícara y un corazón inmenso. Un legado de alegría que vivirá por siempre.

26 de junio de 1958  ·  3 de mayo de 2024

Han pasado días desde que partió,
pero su amor sigue aquí.

"Cojudo..."

Conoce quiénes hacemos este homenaje

Quiénes hacemos este homenaje

Somos su familia, y este espacio lo creamos con todo nuestro amor.

Sara y Charito

Sara

Su hija

"Mi mamá fue, y siempre será, mi gran protectora. Su amor se sentía en su preocupación constante, en cómo estaba siempre pendiente de mí y de mi bienestar. Nunca olvidaré cómo llegaba todas las tardes con el pancito y la leche para que nos sentáramos a tomar nuestro lonche; ella sabía que en esos ratos compartidos estaba lo más importante de la vida. Recuerdo con profunda nostalgia la emoción con la que celebraba mis aniversarios, donde su infaltable torta era el centro de todo. Para ella, los cumpleaños se cantaban a la medianoche sin excusas: levantaba a mi papá y se lo llevaba porque tenían que llegar a las doce en punto con la tortita y la gaseosa. Su mesa y su corazón no estaban completos si yo no estaba ahí con ellos. Hoy, frente a su ausencia, son precisamente esos infinitos actos de cariño los que más extraño. Me hace falta su cuidado, me hace falta su amor... Te extraño infinitamente, mamá."

Juan

Juan

Su yerno

La conocí en Venezuela. Al principio me llamaba "yerno cuerno", luego fui Juancito. Me trataba como un hijo, siempre pendiente de mi comida, que comiera chanchito y tacacho con cecina. Una muy bella persona. La recuerdo siempre, sobre todo emulando su frase: "Yo no estoy diciendo nada".

Los Primeros Años

Charito en sus primeros años

Charito (derecha) con su hermano Rafael en Iquitos

26 de junio de 1958. Así comenzó la historia de Ela del Carmen Gonzales de Gómez, quien todos conoceríamos como Charito. En Iquitos, Loreto, Perú, en el corazón de la Amazonía, nació esta mujer que marcaría la vida de todos los que tuvieron la suerte de conocerla.

Sus primeros años fueron en su natal Iquitos, rodeada de la belleza y la magia de la selva amazónica. En ese ambiente vibrante, donde el río Amazonas fluye con su inmensidad, creció una niña llena de vida, de risa, de esa energía inagotable que la acompañaría toda su vida. Junto a su hermano Rafael y otros seres queridos, Charito comenzaba a tejer los hilos de lo que sería una vida extraordinaria.

Un Amor que Duró Para Siempre

Charito y Grover en su día de matrimonio

Charito y Grover: El día que sellaron su promesa de amor

En el momento preciso en que dos vidas decidieron convertirse en una sola, nació la historia de un amor que perduró por décadas. Charito y Grover no solo se casaron ese día; marcaron el comienzo de una vida de entrega, compromiso y una ternura que se reflejaría en cada acción, en cada palabra y en cada gesto.

Grover supo desde el primer momento lo que había encontrado en ella: no solo una pareja, sino el ancla de su vida, la brújula que lo guiaría, la mano que lo sostendría en todos los caminos que recorrerían juntos. Y Charito, con esa manera única de amar que la caracterizaba, se entregó completamente a la construcción de ese hogar que se convirtió en el refugio de todos nosotros.

Décadas después, ese amor seguía siendo evidente en cada mirada, en cada sonrisa compartida. Un matrimonio que fue mucho más que una unión: fue la demostración viva de que el verdadero amor no solo existe, sino que se fortalece con el paso del tiempo.

La Familia que Celebró su Unión

Charito, Grover y la familia el día de la boda

De pie, de izquierda a derecha: Grover (esposo), Naty (mamá), Valoise (cuñado), Charito
Sentados, de izquierda a derecha: Justa Puente (suegra), Arnulfo Gómez (suegro)

En ese momento especial, rodeada de los seres que amaba, Charito posó para la posteridad con su nueva familia. Sus suegros, Justa y Arnulfo, recibieron a una mujer que se convertiría en el corazón del hogar familiar. Sus parientes, su madre Naty y Valoise, presenciaban el comienzo de una historia que marcaría a todos.

Hoy, mientras vemos esta fotografía, recordamos que solo Grover permanece entre nosotros, llevando consigo cada momento compartido, cada risa, cada lágrima de alegría. Él es el guardián viviente de esas memorias, el testimonio de un amor que construyeron juntos y que trasciende el tiempo. En sus ojos aún brilla el recuerdo de Charito, la mujer que lo eligió y que elegimos todos como la brújula de nuestras vidas.

Los Capítulos de su Vida

Capítulo 1: La esencia de Charito

La esencia de Charito

Antes de ser la matriarca que todos conocimos, Ela del Carmen ya iluminaba los espacios con su presencia. Para todos, ella siempre fue simplemente “Charito”. Llevaba consigo una energía única, una mezcla de dulzura y carácter que dejaba huella en quienes tenían la suerte de cruzarse en su camino.

Le encantaba el café, sobre todo el recién “pasadito”. Prepararlo y luego verterlo con cuidado en una botella era para ella una tarea de máxima concentración, casi un pequeño ritual que reflejaba su forma de ser.

Su juventud estuvo marcada por la alegría y por esa autenticidad que la acompañaría el resto de sus días.

Charito no tenía filtro, y eso la hacía inolvidable.

Una vez, estando en una reunión bastante concurrida, todo iba de lo más normal: risas, conversaciones, gente saludándose… hasta que de pronto algo cambió en el ambiente. Charito frunció la nariz, miró a su alrededor y, sin bajar la voz, soltó su clásico: “¡cochino de mierda!”

El silencio fue inmediato. Algunos se hicieron los desentendidos, otros no pudieron aguantar la risa, y más de uno empezó a acomodarse la ropa con sospechosa urgencia. Pero Charito no se quedó ahí: con sus gestos tan suyos abanicándose con la mano y cambiándose de sitio dejó clarísimo que no estaba dispuesta a sufrir en silencio.

Al final, la incomodidad se convirtió en carcajadas, porque así era ella: directa, auténtica y sin rodeos. Incluso en esos momentos, lograba sacar sonrisas y dejar una anécdota que nadie olvidaría.

Capítulo 2: Una bodega, una broma y un destino

Recuerdo antiguo

Todo gran amor tiene un comienzo que parece sacado de una película, y el de Charito y Grover no fue la excepción. Las calles de San Juan de Miraflores, en Lima, fueron el escenario de esta historia. En aquel entonces, Charito solía ir a comprar a la bodega de la mamá de Grover. Él, buscando cualquier excusa para llamar su atención, no perdía la oportunidad de molestarla y hacerle bromas cada vez que ella cruzaba la puerta.

Lo que parecía un simple juego de juventud no pasó desapercibido. Cuenta la anécdota que, en una de esas ocasiones en las que estaban conversando entre risas y miradas cómplices, un amigo los vio y, con la certeza de quien puede ver el futuro, les dijo sin dudarlo: "Ustedes se van a casar". Y el tiempo, sabio como es, le dio toda la razón.

Capítulo 3: La Guardiana del Clan

Grover y ella construyeron un hogar que no solo era un techo, sino el centro del universo para todos los que amaba. Esa unión familiar era su obra de arte y su prioridad absoluta. Grover y Charito tuvieron tres hijos: Sara, Grover y Valeria. Pero la familia no se quedó ahí; ella tenía un corazón tan grande que me trataba a mí, a Juan, como un hijo más, un miembro más del clan al que proteger siempre con su alegría y sus particulares formas.

La unión de Charito

Capítulo 4: Dos años de un amor que se transformó

Este 3 de mayo conmemoramos dos años desde que Charito partió físicamente, pero su espíritu sigue intacto entre nosotros. Nos dejó sus historias, el eco de su risa y la certeza de que el amor verdadero no sabe de ausencias. Hoy no lloramos su partida, celebramos el inmenso privilegio de haber compartido la vida con ella.

Voces de la Familia

Un espacio reservado para los mensajes de quienes más la aman.

Sara

Mensaje de su hija

Valeria

Mensaje de su hija

Grover

Mensaje de su hijo

<

Juan

Mensaje de un hijo más

Grover

Palabras de su compañero de vida

Juan José

Mensaje de su nieto

Nicolas Grover

Mensaje de su nieto

Sara, su primogénita

Valeria y Charito

Sara y el amor que nunca se fue

Hay amores que ni la muerte puede apagar. Y el de Sara por su mamá, Charito, es uno de ellos.

Porque amar también era llegar con una bolsa en las manos y el corazón lleno. Azúcar, pan, leche y huevos… cosas simples para el mundo, pero enormes para ellas. Eran la excusa perfecta para seguir compartiendo la vida, para sentarse juntas a tomar lonche, conversar, reír y sentir que el tiempo todavía era eterno.

Sara, la hija mayor, nunca dejó sola a su mamá. Siempre encontraba una manera de volver a ella. Porque cuando una hija ama de verdad, no visita por obligación… vuelve por amor.

Hoy se cumplen dos años desde que Charito partió, pero hay ausencias que siguen respirando dentro del alma. Y aunque la silla esté vacía, aunque el silencio duela, los recuerdos siguen sirviendo la mesa cada tarde.

Todavía vive en el aroma del pan recién abierto. En la taza de café caliente compartida. En los pequeños detalles que ahora se convierten en lágrimas.

Porque nadie se prepara para perder a una madre. Y mucho menos cuando fue refugio, ternura y hogar.

Sara no solo extraña a su mamá… extraña la forma en que la miraba, la esperaba y la hacía sentir hija incluso en los días más difíciles.

Charito dejó este mundo, pero jamás dejará el corazón de quienes la amaron. Y mientras exista alguien que la recuerde con amor, ella seguirá viviendo.

Hoy el cielo tiene a una gran mujer. Y aquí en la tierra, una hija que todavía la ama con la misma intensidad de siempre.

Mamá Charito… tu ausencia duele, pero tu amor quedó para siempre.

Los Detalles que Hacían Único a Grover Jr.

Grover Jr. y Charito

Charito y Grover Jr., hijo de su corazón

Charito tenía una relación especial con cada uno de sus hijos, y con Grover Jr. había un vínculo que se expresaba de maneras únicas. Lo llamaba "Bebé". Ella lo amaba profundamente, pero no podía evitar molestarse con uno de sus hábitos: su manera voraz de comer jamomada. Cada vez que lo veía extender la mano hacia el plato, sus ojos se alzaban en ese gesto de fingida exasperación que solo una madre puede hacer.

"¡Cojudo, déjale para los demás!" decía, pero siempre con una sonrisa en los labios. Era su forma de amar: a través de esos pequeños reclamos llenos de ternura, esos momentos cotidianos donde se revelaba lo que realmente importaba: estar juntos, compartir la mesa, hacer memoria de quién era cada uno.

Grover Jr. lleva en su corazón todos esos instantes en los que su mamá lo regañaba por comer demasiada jamonada. Porque en realidad, lo que Charito cuidaba con tanto celo era que hubiera suficiente para todos. Era su manera de asegurar que la familia estuviera completa, que nadie quedara sin su parte.

En esos detalles está Charito: en el amor que se expresa a través de los reclamos, en la preocupación que se disfraza de molestia, en el corazón de una madre que nunca dejó de cuidar a los suyos.

Valeria, la Menor

Valeria y Charito

Charito y Valeria, la menor de sus hijos

Como la menor de los hermanos, Valeria siempre ocupó un lugar muy especial en el corazón de Charito. Entre ellas existía esa complicidad única que solo se da entre una madre y su hija menor. Charito la cuidaba con una mezcla de ternura infinita y ese carácter fuerte y protector que la definía.

Cuando Valeria quería algo y su papá le decía que no, Charito siempre intervenía con su frase tan suya: “ya pues, Grover”, logrando que, al final, Valeria consiguiera lo que deseaba. Era su manera de consentirla, de demostrar ese amor especial que sentía por su hija menor.

En cada abrazo, en cada consejo y hasta en cada “cojuda” dicho con cariño, Charito le transmitió a Valeria su fuerza, su alegría por la vida y su inmenso amor. Hoy, Valeria lleva consigo la chispa de su mamá, siendo el reflejo vivo de esa luz que Charito sembró en su familia.

Los Momentos que la Hacían Sonreír

Adriana de Blanca Nieves con Grover y Juan José

Adriana, Grover y Juan José en un momento lleno de magia

Charito vivía para estos instantes. Cuando sus nietos se acercaban, su rostro se iluminaba de una manera que no se podía describir con palabras. En esta fotografía, Adriana (hija de valeria), brilla como Blanca Nieves en un bosque encantado, acompañada por su abuelo Grover y su primo Juan José (hijo de Sara, la hija mayor de Charito).

Estos eran los momentos en los que Charito encontraba su mayor alegría. No era en los eventos grandes ni en las ocasiones solemnes, sino en los instantes cotidianos donde sus nietos reían, jugaban y simplemente existían cerca de ella y de Grover. Su amor por ellos era infinito, y en cada gesto, en cada mirada, ellos sabían que eran lo más importante de su mundo.

Adriana, Juan José, y todos sus nietos llevan en sus corazones la herencia más valiosa que una abuela puede dejar: la certeza de haber sido amados profundamente. Y Grover, su compañero de vida, sigue siendo el guardián de esos recuerdos llenos de magia.

Con Nicolás, su Último Nieto

Charito con su último nieto Nicolás

Charito con Nicolás, hijo de Grover Jr.

La vida continuaba, y con cada nuevo nieto llegaba una nueva razón para que Charito sonriera. Nicolás, el hijo de Grover Jr., fue su último nieto. En esta fotografía, se ve la ternura de una abuela que acogía a cada generación nueva con el mismo amor infinito que había repartido siempre.

Charito no distinguía entre el primero y el último de sus nietos. Cada uno de ellos era igualmente especial, igualmente merecedor de su abrazo, su risa y su protección. Con Nicolás en brazos, Grover a su lado, ella seguía siendo lo que siempre fue: el corazón de la familia, la fuente de amor que nunca se agotaba.

Este es el legado que sigue viviendo en cada uno de sus nietos. Charito no se fue; se multiplicó en ellos.

Sus Frases Que Nos Hacían Sonreír

Charito tenía sus expresiones muy marcadas, joyas de alegría y picardía que todos recordamos.

La Frase Maestra: Cojudo

No había expresión más honesta y directa que un "Cojudo" de Charito. Cuando algo no le hacía gracia, cuando te equivocabas o simplemente quería poner orden, esa palabra salía con una fuerza que te hacía reír y temblar al mismo tiempo. Era su sello, una mezcla de 'estás equivocado' y 'te quiero lo suficiente para decírtelo así'.

El Ritual del Ofrecimiento

El gesto de Charito

Si Charito te ofrecía algo, tenías que ser rápido. Antes de que pudieras responder, si ella sentía un milisegundo de duda, retiraba el ofrecimiento al instante y te decía con esa expresión inigualable: "¿No quieres? Cojudo...".

El "Yo no estoy diciendo nada"

La salida de Charito

Cuando ya se quería ir de algún lugar, empezaba a molestar. Grover le decía: "Tranquila, nos vamos en un rato". Ella, con total calma, respondía: "Yo no estoy diciendo nada". Un chiste interno que nos hacía reír a todos.

La Sentencia Final

Para Charito no había zonas grises cuando alguien tomaba una mala decisión. Con una mezcla de humor y sabiduría popular lo resumía todo en una sola frase devastadora: "Borracho que no mea, mejor que se muera". Directa, sin filtros, y siempre en el momento justo.

Instantes Inolvidables con Charito

Una imagen vale más que mil palabras. Aquí compartimos algunos de los momentos donde su luz brilló más fuerte.

Momentos Inolvidables

Desliza para ver algunos de nuestros recuerdos favoritos a su lado.

Doce segundos

Hay una torta sobre la mesa. Una celebración, una reunión, uno de esos días que la familia junta sin saber muy bien que está construyendo recuerdos.

Y en medio de todo eso, Charito se inclina hacia Gube — su Gube, su manera de decirle Grover desde siempre — y le da un beso. Así, sin más. Con la tranquilidad de quien lleva décadas queriendo a alguien y todavía lo hace con ganas.

Adriana está ahí también. Y Adriana ya hablaba, ya sabía perfectamente cómo llamarla: Mamina. Ese nombre que los nietos encuentran solos, sin que nadie se los enseñe, como si el amor tuviera su propio idioma. Mamina. Una palabra que en esa niña significaba todo lo que Charito era para ella.

Doce segundos. Una torta en la mesa, Gube recibiendo un beso, y Mamina siendo ella misma sin saberlo: el centro de todo.

Nadie pensó ese día que esto sería lo que quedaría. Que doce segundos tan simples terminarían cargando con tanto.

Cuando la veas, entenderás por qué la extrañamos tanto.

Enciende una vela por Charito

Cada persona que la conoció guarda un pedacito de ella. Enciende tu vela y déjale unas palabras.

Recuerdos compartidos

P.D.: Cojudo, te quiero.